martes, 4 de diciembre de 2012

LA VERDAD DEFINITIVA SOBRE EL 21 DE DICIEMBRE DE 2012


Queridos amigos, viendo que, tras mucha espera, se acerca esa fecha llena de incertidumbre que la civilización Maya catalogó hace milenios como la del fin del mundo, el 21 de diciembre, me dispongo -antes de que me coja el toro- a contaros la auténtica y absoluta realidad sobre esta inquietante hipótesis que no deja a nadie indiferente. Muchos se empeñan en decir que quizá lo que los Mayas predijeron era un cambio en las mentalidades y en la forma de ver el mundo. Otros, incluso, se atreven a asegurar que el día 21 será completamente normal y la vida seguirá como hasta ahora y por mucho tiempo más. Ilusos, claro. Incultos e ignorantes que niegan una verdad irrefutable que yo mismo he podido corroborar con la búsqueda durante meses de la información que deja en evidencia algo que será inevitable: EL 21 DE DICIEMBRE, NOS VAMOS TOS' AL CARAJO.

Ahora, ironías aparte -reconozco que a veces me encanta crear morbo-. Seriedad, coño. Poneos en la situación de un hipotético apocalipsis este 21 de Diciembre. Pero imaginároslo, como si lo estuvierais viendo. Yo también lo haré. Que se acabase el mundo sería, cuanto menos, una putada gorda, para qué engañarnos. Años de estudio tirados a la basura, la imposibilidad para muchos de tener un hijo, de ver a su equipo ganar algún trofeo, morir sin apreciar el más mínimo envejecimiento de Jordi Hurtado, el quedarnos sin saber el motivo por el cual Rajoy dice la letra 's' de esa extravagante forma... Además de todas las cosas que nos quedarían pendiente, tiene guasa que sea justo antes del día de la lotería de Navidad, con personas que se han gastado un verdadero dineral en cupones con el sueño de verse entre billetes y billetes de 500. ¿Y las entradas de los cotillones y demás fiestas de fin de año? Que valen de 30 euros pa' arriba, eh, que han supuesto un desembolso de los que duelen para muchos jóvenes que lo mismo han tenido que privarse de salir algún que otro fin de semana. ¿Y si en ese finde sin salir hubieran pinchao'? Y sobre todo... ¿no es una putada estratosférica para aquellas personas que cumplen su mayoría de edad el maldito día 21? Ni tarta, regalos, ni puticlubs, ni ná. Agua por un tubo, o meteoritos, o lo que vaya a venir.

Por otra parte, están aquellas personas que temen el fin del mundo por el simple hecho de morirse. ¿Qué más da? Total, si se acaba el mundo aquí no se salvan ni las cucarachas. Por lo tanto, mal de muchos, consuelo de tontos: ni tú vas a echar a nadie de menos, ni nadie te va a echar de menos a ti. Aquí la guasa está en el proceso de la muerte de los siete mil millones de personas que habitan la Tierra. El fin del mundo, como ya adelanté esta mañana en mi Twitter, no va a ser con un gas que nos deje dormiditos, no. Ni con un tiro en la cabeza, ni con la mismísima guillotina que te ibas pa' el patio de los callaitos sin darte ni cuenta. El fin del mundo, si es, va a ser de cabrón, doloroso, con una muerte lenta y con una estresante lucha por la supervivencia de la que nadie saldrá victorioso. Si es, el fin del mundo será con una ola que nos ahogue, con tormentas solares de esas que te ponen morenito morenito o con algo así malo y terrible. Si no, pa' qué. Para morir rápido y sin sufrir ya hay gente que se muere cada día, y el fin del mundo tendría menos gracia que el portero de 'Escenas de matrimonio'. Si no, después, ¿de qué iban a hacer la película los americanos? ¿de un dios que no le gusta como está la vida y, cual Tamagotchi, decide destruirla en un instante dándole al botoncito de detrás? No, amigos, no. Los americanos no permitirían eso. Ellos quieren vender después la película, para hacer, como siempre, el mayor dinero posible. Por ello, el fin del mundo será, sin lugar a dudas, un proceso lento y terrorífico.

Y hasta aquí, mi tesis de cómo será nuestro final. Yo me conformo con haber visto a España ganarlo todo y al Xerez en Primera. Y más cosas, pero paso de hablar más, que tengo la boca seca. Sin embargo, como un compadre me dijo esta mañana, seguro que después de ese día nos seguimos levantando por la mañana con el pijama de cuadros y la coronilla despeiná'.Yo, por si acaso, me despido ya para siempre, por si ésto es lo último que escribo en mi vida. Os quiero a todos sin excepción, bonitos!

martes, 6 de noviembre de 2012

Me cago en...

Me va estupendamente en Sevilla, sí. En serio, eh, estoy contento tanto con la universidad como con la residencia. Me gusta volver a Jerez los findes, sí, pero me va bien, no os preocupéis. Sin embargo, hay en esta ciudad y, sobre todo, en esta etapa de mi vida, una serie de cosas que me sacan completamente de quicio. Que lo mismo estudiando en cualquier otro recóndito lugar del planeta también me ocurriría lo mismo, que no es que le tenga manía a Sevilla, ni mucho menos, eh, que las sevillanas están que se rompen. Pero a lo que íbamos. La idea de esta entrada me ha surgido a raíz del maldito wifi de la residencia. Pero, en realidad, no es solo el wifi, sino un cúmulo de factores que me tocan los cataplines a dos manos. Y es que, me cago en...

Las señoras de los autobuses que hablan a 700214541210 decibelios a las 7:30 de la mañana al ladito tuya. Los autobuses que no llegan a su hora. Los semáforos que están en verde para los coches un minuto y medio y veinte segundos para los peatones. Me cago en mi Google Chrome que no abre la plataforma virtual de la US en mi ordenador y me obliga a usar Internet Explorer. En las clases de Competencia Comunicativa en español, donde nuestra profe se dedica a hablar cual radio sin botón de pause. En mi despertador que suena sin piedad a las 7 de la mañana gritándome al oído como si le fuera la vida en ello. Me cago en tener que pensar qué hacerme de cenar. En lo larguísimas que son las avenidas. En el frío de por las mañanas. En que llueva a muerte justo cuando salgo de la universidad. En que los autobuses lleguen petaos' y tener que ir de pie todo el camino. Me cago en ser el primero en tener que levantarme de los cuatro que vivimos en el mismo apartamento y escuchar como se mueven en sus calentitas camas cuando yo ya estoy subiendo las escaleras para marcharme. Me cago también en la rajita que tiene la segunda tapa del váter y que me tira un pellizco en la cacha izquierda cada vez que cago. En tener el día más importante de clase los viernes y no poder salir de fiesta los jueves. En los 3G del móvil que se van cuando voy en el tren. En tener que ir a renovar el bonobus todas las semanas. En tener que volver los miércoles a Jerez para ir a la escuela de idiomas y luego regresar a Sevilla. No me cago ya en el wifi en sí porque lo han arreglado y parece que se está portando, por el momento. Me cago en la gente que los jueves por la noche, mientras duermo, se oyen salir de la residencia con botellones y cosas guapas para salir de fiesta. Me cago en el compare de la guitarrita eléctrica que se pone a las once de la noche a tocarla con su amplificador y tó'. Me cago en que los profesores han perdido la bonita costumbre de dejar un descansito entre las dos horas de asignatura. Me cago en la morriña catastrófica que me entra después de comer y que me deja durmiendo la siesta, mínimo 2 horas, sin poder despertarme antes. En que no me de tiempo de desayunar algo contundente antes de irme. En mi maleta del chino, cuya cremallera ha durado viva la friolera de 3 semanas. En los subrayadores amarillos fluorescente, que se le ponen la puntita azul cuando subrayas boli y ya nunca vuelven a ser lo que eran. Me cago en los domingos, que ya ni son domingos ni ná', pues me levanto a las dos de la tarde y tengo que coger el tren a las 18:12. Me cago en la ducha del cuarto de baño, donde un obeso no cabría. Al menos, sé que es imposible que me resbale y me caiga, más que nada porque no quepo  ni sentado en el suelo. Me cago en las prisas por coger el tren y en la gente que sale corriendo en todas las direcciones en la estación. Y en que alguien ocupe mi sitio y tener que decirle "perdona, ahí voy yo". Y me cago en muchas cosas más que ahora mismo no recuerdo, seguro, y que pondré por aquí cuando se me antoje.

Ea, hasta otra!

lunes, 24 de septiembre de 2012

¡Saludos desde el exilio!


¿Si los profesores de universidad han estudiado en la universidad para ser profesores de universidad, quiénes fueron los profesores de la primera universidad? ¿Unos cualquiera? ¿Unos mataos', no? Así va España. Bueno, es una pregunta que lanzo al aire, la cual me vino ayer por la noche mientras intentaba dormir con un nudo en el estómago a sabiendas de que al día siguiente (hoy por la mañana) comenzaría mi andadura universitaria. No hace falta que os comáis la cabeza para responder, que sé que os gusta.

La cosa es que sí, que ya estoy en Sevilla, que ayer llegué y me instalé y que (por lo pronto) todo va sobre ruedas. Esta mañana estaba el tío en planta a las 7:00 en punto y a las 7:30 cogiendo el primero de los dos autobuses que he de tomar para llegar hasta la facultad, localizada desde mi residencia a una distancia que coloquialmente se conoce como "a tomar por culo". Además, ya he hecho colegas en la facultad y en la residencia, donde comparto "apartamento" con un jerezano, un cacereño y un onubense. Dos Pedros y un Gonzalo, respectivamente. Por lo que, recalco, todo va sobre ruedas. Lo que más temía, en realidad, era que mi tremenda caraja mañanera me hiciera perder el autobús, o pasarme de parada, o yo que sé. Llegar tarde a la facultad, al fin y al cabo. Pero no, a las 8:15 estaba allí como un clavo, para empezar las clases a las 8:30. Dos horas de 'Introducción a la Sociología' y dos de 'Historia social de la comunicación', cuyos profesores me han causado una gratísima impresión. Son asignaturas que así a ojo parecen interesantes, sobre todo la segunda, aunque, como nos han dicho, no tengan mucho que ver con el periodismo en sí.

Lo único malo hasta ahora, el puto jodido internet, que aunque no va mal del todo, en ocasiones coge las de Villadiego y vuelve a los pocos segundos, que sí, que es poco tiempo, pero deja de actualizar Twitter, Facebook, corta vídeos... vamos, una putada en toda regla, por encima incluso de tener que hacerme yo de comer. Pero bueno, soy un tío emancipado, independiente, valiente y que no necesita nadie más para viv...¿QUÉ HA SIDO ESE RUÍDO? ¿HAY ALGUIEN AHÍ? ¿PEDRO? ¿GONZALO?

Ya continuaré contando vivencias, seguramente. Espero tener tiempo!

lunes, 13 de agosto de 2012

El misterio de Valdelagrana


Después de haber ido a la playa de Valdelagrana varias veces este verano (más que nada porque es hacia donde más barato cuesta el tren y la más cercana, no mi preferida, lógicamente), mi mente voladora, libre y filósofa ha llegado a la humilde conclusión de que un fenómeno paranormal campa a sus anchas por este rincón de El Puerto de Santa María. Un fenómeno merecedor de ser estudiado por Íker Jiménez y sus compañeros en el tenebroso programa 'Cuarto milenio', donde en muchas ocasiones se tratan temas mucho más estúpidos que ésto que ocurre a diario en la playa de Valdelagrana.

Al igual que, vayas el día que vayas, a la hora que vayas, en el Polo Norte hará frío, o al igual que en cualquier desierto durante el día hará calor, en este lugar del oceano Atlántico, vayas el día que vayas, y haga o no haga viento en el resto del universo, SIEMPRE hará un viento hiperultradesagradable que te impedirá disfrutar del día de playa que tenías planeado. A no ser que te lleves una tienda de campaña y te encierres herméticamente o construyas una muralla-fortaleza propia de los musulmanes que ocuparon la península ibérica allá por el siglo VIII. Sea de poniente o de levante, el ventarrón será inevitable.

Además, en Valdelagrana el viento no solo te fastidia todos tus preparativos, sino que lo hace de una manera maquiavélica y engañosa. Al bajarte del tren y salir de la estación (o de tu piso si es que tienes un piso allí), surgirán comentarios tipo "pues hoy se va a estar bien, no se mueven ni las hojas de los árboles"... Ingenuos. Conforme vayas avanzando hacia lo que es la playa, percibirás que el viento va 'in crescendo' paulatinamente hasta que, en el momento de pisar la arena, el huracán será más propio de EEUU que de Andalucía. Verás sombrillas volar y dando vueltas a una velocidad pasmosa mientras el dueño de dicha sombrilla aparecerá 30 metros más atrás sacando su faceta Usain Bolt para alcanzarla. Por otro lado, observarás sombrillas colocadas en diagonal casi tumbadas a modo de muralla y gente dentro tratando de cubrirse de los azotes de la fina arena que te da en las carnes y flipas en colores. Y si te entra en los ojos, flipas en colores y 3D. Ingenuos de nuevo, aquellos que se meten casi dentro de la sombrilla, porque en Valdelagrana, amigos, el viento y la arena que lleva cogen las curvas mejor que Valentino Rossi, y si te quiere dar, te da. Si el viento está mosqueao, por mucho que te cubras o por muchas camisetas que te relíes en la cabeza (técnica probada por mí mismo que resultó tan inútil como absurda), te da. Y cuidado con los bocadillos y las bebidas. Aunque todavía no hayas abierto la boca, antes de empezar a comer tus dientes ya estarán crujiendo. En el momento de abrir tu bocadillo de tortilla de patatas, ésta quedará cubierta de arena (a no ser que la cubras con tu vida) y parecerá un bocadillo de tortilla empanada. Las latas de fanta/cocacola/cerveza, etc, son también el objetivo preferido de este diablo que es el viento de Valdelagrana, ocupando toda la parte de la chapa, es decir, donde pones tu boquita para darle el buchazo. Ni el mismísimo Frank de la Jungla sobreviviría allí. Además, al bañarte, el fondo del mar estará tan revuelto que no te verás los pies y el agua estará de un oscuro tipo lago Ness que confianza, lo que se dice confianza, no transmite mucha.

Pero el infierno no termina aquí. Cuando decides marcharte, recoges tus cosas, emprendes el camino hacia la estación, coges el tren (o te metes en tu piso de allí, si tienes) y te plantas en tu casa, pensarás que la pesadilla ha terminado. Ingenuo, una vez más. Aquí es cuando empieza la 'operación buscatierraportubody'. Encontrarás arena incrustada hasta en los lugares más recónditos de tu cuerpo, descubriendo zonas que hasta ese día no sabías ni que existían. Los pliegues de la oreja, los cataplines y lo que viene siendo la raja del culo son los escondites favoritos de la arena, que se quedará allí hospedada el mayor tiempo posible, sin importarle si tu estás de acuerdo o no en la ocupación de tu cuerpo.

Y sí, cada vez le tengo más manía a la playa de Valdelagrana. Aún continúo buscando el motivo por el cual el viento vive perenne en esta playa, llegando incluso a considerar la hipótesis de la existencia de algún ser milenario y mitológico que se esconde detrás del espigón, que según mi mente insana tendría la forma del "cabezón" de art-attack pero 30 veces más grande y cuya única razón de ser es soplar hasta echar a la gente de la playa... Se admiten hipótesis de cualquier tipo, estaré abierto para escucharlas y encontrar la razón del misterio de Valdelagrana.

PD.- Algo parecido ocurre en la barrida del 'Parque Atlántico', aquí en Jerez, sólo que la inexistencia de arena hace mucho más fácil la supervivencia. Aun así, también se admiten hipótesis para descubrir la verdad.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Así viví Selectividad: Día 2 (20/06/2012)

Éste fue el día del "a ver qué pasa". Os preguntaréis el por qué, y esque el exámen de esta segunda jornada de selectividad era el de historia del arte, asignatura para la cual sólo "estudié" un día, intentando memorizar todo lo posible desde el arte musulmán hasta el arte del siglo XX, de donde en la opción B del exámen aparecerían dos imágenes y dos preguntas teóricas. De lo que caería en la opción A (desde la Prehistoria hasta el Barroco), ni pajolera idea. Bueno, pajolera sí; lo que se me había quedado grabado en el cerebro durante el curso.

Yo no quería hacer esta asignatura, pues sabía con creces que no tendría tiempo para prepararla por la extensión/dificultad de las demás. Sin embargo, la mano de mi santa madre tuvo mucho que ver en que este 20 de junio de 2012 estuviese yo haciendo el examen. La historia se remonta al día 30 de Mayo, cuando me dieron las notas. La alegría colectiva por los aprobados nos hizo ir todos juntos a los 100 Montaditos, donde nos pusimos hasta las cejas de cerveza. Por ello llegué contentín a mi casa y mi madre, que había estado esperándome hasta cerca de la 1:00, me obligó a rellenar en ese instante el papel de las asignaturas que iba a hacer en selectividad. Me dijo que las hiciera todas, incluyendo arte como específica, pues solo costaba 15 euros cada una. Yo insistí en que no podría preparármelo, pero ella insistió más diciéndome que "lo mismo me tocaba algo que me sabía del curso". Además, me contaba 0,20 para periodismo, es decir, 0,20 puntos por cada punto conseguido en el exámen. Porque tenía sueño y porque no tenía ganas de discutir, acepté lo que me aconsejaba mi madre. Y menos mal...

7:30 a.m.

Se levanta el menda. Mucho más relajado que el día anterior, me voy vistiendo con tranquilidad, casi seguro de que a la media hora entregaría el examen, ya que pensaba que no tendría tantísima suerte como para que me tocase algo que me supiese por defecto. No suelo ser pesimista, pero ese día tenía que tener muchísima suerte. Son cientos de obras y de preguntas teóricas las que podrían caer, pero... si el día anterior tuve mala suerte con los dos literarios, ¿por qué hoy no iba a ser al contrario?

8:00 a.m.

Me monto en el coche con mi madre y tiro para la UCA sin ni siquiera repasar nada, sabedor de que por mucho que lo mirase ya, no aprendería nada nuevo (y eso es mas verdá que verdá). Tranquilidad absoluta. Creo que en ese aspecto, el ir tan poco preparado me sirvió mucho para no ponerme nervioso. Tras el breve trayecto en coche llego allí y, un día más, me encuentro a la gente histérica, aunque ya un poco menos al haber pasado lo más difícil. Encuentro a una de mis compañeras con los nervios a flor de piel. Yo, lejos de unirme a su histerismo, intento calmarla porque soy un señor.

8:30 a.m.

La suerte está echada. Más que nunca, lo que tenía que tener era una papa de 30 kilos para aprobar este exámen. Tras el protocolo de las tarjetitas y las explicaciones de cómo va la cosa y el tiempo que tenemos, comienzan a repartir los exámenes. Cuando me llega el folio, lógicamente, me voy directamente hacia la opción B. ¿Eh? Lo que suponía. La primera imágen, una cúpula que todavía no he descubierto cual es. La segunda imagen, un cuadro de Van Gogh de una casa que tampoco sé aún de cual se trata. Por su parte, las preguntas teóricas eran "Arte nazarí: La Alhambra y el Generalife" y "La escultura barroca en Italia: Bernini". Estaba perdido. Sin embargo, en estos segundos de pesadumbre y desolación recordé que había una opción A, la cual no me había mirado pero que, sin embargo, me depararía una grata sorpresa. Al levantar la mirada hacia dicha opción, vi la pintura más conocida del arte Paleocristiano: el Pantocrátor. Coño, ¡que me lo sé más o menos, que me cayó en el examen de este tema en el instituto! Me fijo en la otra imagen y... ¡HOSTIAS, EL MOISÉS DE MIGUEL ÁNGEL! A 2,5 cada pregunta, si hacía esas dos perfectas, ya tendría el aprobado y un punto más sobre la nota final. Sin embargo, está claro que tener las dos imágenes perfectas era una hazaña al alcance de muy pocos, más sin haber estudiado. Entonces leí las preguntas teóricas: "Arquitectura egipcia: la tumba y el templo". Rápidamente sentí un subidón y me dije "hostia, hostia, hostia que aquí me enrollo yo y saco por lo menos un puntazo". Veo la otra y leo: "La pintura barroca española. El realismo barroco: Velázquez y Murillo". ¿Quién, después de haber dado a Velázquez en la clase por activa y por pasiva no iba a sacar al menos la mitad de la pregunta? Entonces me dije "killo Álvaro, que no hay más preguntas, ¡que puedes aprobar la opción A sobrao'!". A partir de ahí, comencé a enrollarme con las dos imágenes hasta rellenar tres carillas con cada una. Yo mientras escribía, no paraba de flipar conmigo mismo. Cuantas más cosas escribía, más cosas recordaba. Era ese típico momento de felicidad en el que se te olvidan todos los problemas. Pim, pam, pim, pam, sublime. Cuando terminé las imágenes comencé con las teóricas. En la de Egipto he de reconocer que le solté el rollo al que corrigiera hablándole más de cosas de historia y sociedad de la época que de la misma tumba y del templo, que era de lo que realmente trataba la pregunta. Por otra parte, para la de Velázquez y Murillo, también he de reconocer que no hablé de ninguna característica de la pintura barroca, ni de Murillo, del cual no tenía ni idea. Sólo Velázquez. Dibujé en mi mente el cuadro de las Meninas y me puse a sacarle las características que iba viendo y luego le solté un trocito de la vida del mismísimo Velázquez. La gente se iba retirando del aula y yo continuaba escribiendo. Es más, terminé de los últimos.

10:00 a.m.

Sin duda, cuando entregué, sentí una de las mejores sensaciones que se ha convertido en uno de los mejores recuerdos que me ha dejado la temida selectividad: la certeza de que, aún sin estudiar, aprendí durante el curso lo suficiente para aprobar un examen de historia del arte, la asignatura más gorda del mundo entero. La consecuencia directa, un 6,5 que me sumó a la nota final 1,3 puntos, puntos que de no haber conseguido no habría podido entrar en la carrera de periodismo en Sevilla, al menos en la primera convocatoria.

MORALEJA DEL SEGUNDO DÍA: "HAZLE CASO A TU MADRE, PUES SIEMPRE LLEVARÁ LA RAZÓN. SIEMPRE."

MORALEJA SERIA: "AUNQUE HAYA SÓLO UNA OPORTUNIDAD ENTRE MILES, SIEMPRE MERECERÁ LA PENA INTENTARLO."